En una jornada de vértigo institucional, Pedro Alliana, de 52 años, juró este viernes como nuevo presidente de la República del Paraguay. La ceremonia se llevó a cabo en una sesión extraordinaria del Congreso Nacional, donde el presidente del legislativo, Basilio Núñez, le impuso la banda y el bastón de mando, apenas horas después de que el Senado destituyera a Santiago Peña. Alliana, quien se desempeñaba como vicepresidente, deberá completar el mandato constitucional que finaliza en agosto de 2028.
La asunción de Alliana se produce en medio de una de las peores crisis financieras de la historia reciente de Paraguay, desatada por la intervención del Ueno Bank, que dejó a cerca de tres millones de clientes sin acceso a sus depósitos y afectó gravemente a sectores vulnerables y a las cajas de previsión social. Consciente de la emergencia, el nuevo mandatario centró su primer mensaje a la nación en la contingencia económica. "Los compatriotas que hoy atraviesan un momento difícil a consecuencia del descalabro financiero serán compensados plenamente. No los vamos a dejar solos", afirmó tras jurar ante el Congreso.
En ese sentido, Alliana fue enfático al ordenar a su gabinete actuar con celeridad para resarcir a los ahorristas, dando prioridad a los menos favorecidos. "No quiero a ningún tibio a cargo de esta misión. Quiero resultados", enfatizó el nuevo presidente, en un mensaje que buscó transmitir firmeza y urgencia en la resolución del conflicto. Asimismo, instruyó a sus ministros a rendir cuentas diarias de su gestión, "sin excusas y con respeto", y advirtió que no habrá margen para errores en el tiempo que resta de mandato.
Además de la crisis bancaria, el nuevo mandatario marcó un fuerte contraste con la administración saliente en materia de política exterior y estilo de gobierno. Alliana anunció que su gestión priorizará el trabajo interno y limitará al mínimo indispensable las misiones internacionales. "Ya se hizo suficiente en el exterior. Yo voy a ser un presidente que se ocupa del Paraguay adentro", aseveró, y pidió a sus ministros que cualquier viaje al extranjero responda únicamente a una "razón impostergable".
En línea con su promesa de austeridad, el presidente anunció que enviará al Congreso un proyecto de ley de "racionalización de gastos superfluos", con el objetivo de eliminar despesas innecesarias y redirigir esos fondos a atender las necesidades más urgentes en salud, educación y sectores vulnerables. "Queda poco tiempo, y en este tiempo tenemos que construir un gobierno digno", señaló Alliana, quien también confirmó que su esposa, la diputada Fabiana Souto, asumirá el rol de primera dama de la Nación.
Poco después de la juramentación presidencial, el exsenador oficialista Antonio Barrios prestó juramento ante el Parlamento como nuevo vicepresidente de la República, completando así la nueva conformación de la dupla presidencial tras la salida de Peña. Con un gabinete enfocado en la emergencia y una clara directriz de priorizar la gestión interna, Pedro Alliana asume el poder con el desafío inmediato de devolver la estabilidad financiera al país, resarcir a los miles de ahorristas afectados y liderar una transición política en medio de una profunda conmoción social.