La noche del miércoles 16 de septiembre, el estudio de Telefe se convirtió en el epicentro de una definición histórica. Tras más de 200 días de encierro, un total de 30.185.802 votos del público consagraron a Solange Abraham como la flamante ganadora de Gran Hermano Generación Dorada, imponiéndose con el 51,8% de los sufragios frente a la uruguaya Yisela "Yipio" Pintos, quien obtuvo el 48,2% restante.

La victoria de Sol no solo representa la culminación de un camino de revancha personal, sino que la convierte en la primera mujer en alzarse con el título máximo del certamen en 19 años. A sus 37 años, la participante tucumana regresó a la casa más famosa del país 15 años después de su primera incursión en Gran Hermano 2011, donde había finalizado en quinto puesto.

El camino de una "villana" querida

Lejos de ser una figura unánime, el recorrido de Abraham dentro de la casa estuvo marcado por la polémica y una personalidad confrontativa que la llevó a estar nominada semana tras semana. Su rol asociado al de "villana" y sus constantes enfrentamientos con distintos grupos de participantes la mantuvieron en el centro de la escena, e incluso fue expulsada temporalmente por expresar que extrañaba a su hija, antes de reingresar gracias a un Golden Ticket. Sin embargo, ese perfil combativo fue el que, paradójicamente, terminó de cimentar un fandom sólido que la acompañó hasta el final.

Su despedida de la casa fue tan icónica como su estadía. Minutos antes de dejar el juego, Sol gritó "¡Jaque mate!" y, con un gesto cargado de simbolismo, apagó la luz de la casa, poniendo fin a una edición que ella misma ayudó a definir. "Traté de honrar esta casa y espero haber estado a la altura. No puedo creer estar viviendo esto", expresó, visiblemente emocionada, antes de cruzar la puerta.

Una final de mujeres y con sabor a revancha

La definición de esta temporada tuvo un condimento especial: por primera vez en la historia del programa, las cinco finalistas fueron mujeres, y las últimas nueve participantes en abandonar la casa también lo fueron. Finalmente, el duelo se dirimió entre dos madres y artistas: Sol y Yipio, una comediante uruguaya que se ganó al público con su humor y su historia de superación personal.

Como ganadora, Solange Abraham se hizo acreedora de un premio compuesto por 70 millones de pesos, una casa, el codiciado trofeo realizado por el maestro Pallarols y millonarios contratos publicitarios. Con la consagración de Sol, Gran Hermano Generación Dorada cerró su ciclo más extenso y polémico, dejando una marca indeleble en la historia del reality show argentino.