Casi dos siglos después de uno de los episodios centrales de la historia argentina, un documento de 1833 permitió reconstruir cómo llegó a Tucumán la noticia de la usurpación inglesa de las Islas Malvinas. Se trata de un oficio enviado por el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Ramón Balcarce, al gobernador tucumano Alejandro Heredia.

El hallazgo fue realizado recientemente por el equipo del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, mientras trabajaba en la recuperación y conservación del patrimonio documental. El documento está compuesto por cuatro hojas y describe los acontecimientos ocurridos a partir del 2 de enero de 1833.

El destinatario del oficio también refleja la relevancia política que tenía Tucumán en aquel momento, cuando todavía no existía la Argentina como Estado nacional. Según explicó el director del Archivo Histórico, Javier Critto, la provincia era "una de las provincias más importantes" y por ese motivo recibió uno de los primeros partes sobre lo sucedido en las islas.

El oficio, firmado por Balcarce y Manuel Maza, fue dirigido a Heredia, entonces gobernador y capitán general de Tucumán. La comunicación fue redactada pocas semanas después de la llegada de la corbeta de guerra británica Clio a Puerto Soledad y se basó en el parte elaborado por José María Pinedo, comandante de la goleta argentina Sarandí.

Desde el comienzo, el Gobierno de Buenos Aires dejó asentada su postura frente a la ocupación. El documento expresa el "disgusto" provocado por la acción británica y la describe como un acto de "violencia y abuso de la fuerza en las Malvinas", realizado "en deshonor del Pabellón Argentino" y en perjuicio de "la integridad del territorio de la República".

También remarca que el episodio ocurrió pese a las "relaciones de amistad y buena inteligencia" con Gran Bretaña, a la que define como una "nación amiga".

El relato se detiene luego en lo ocurrido en Puerto Soledad. El 2 de enero, la Clio, comandada por Mr. Onslow, se presentó frente al establecimiento argentino y su comandante comunicó a Pinedo que había llegado para tomar posesión de las islas. Le exigió arriar el pabellón argentino y trasladar a los soldados, oficiales y habitantes que se encontraban allí.

Ante la situación, Pinedo manifestó que no podía aceptar la exigencia sin recibir instrucciones de su gobierno y realizó los "protestos correspondientes al caso". La tensión aumentó al día siguiente, cuando Pinedo volvió a bordo de la Clio para protestar contra la ocupación y advirtió sobre las consecuencias de llevar adelante la operación por la fuerza. Poco después, tres botes británicos desembarcaron en Puerto Soledad, izaron el pabellón británico y arriaron el argentino. La Sarandí permaneció en la zona hasta el 5 de enero, cuando emprendió el regreso.

En el tramo final, el Gobierno de Buenos Aires calificó lo ocurrido como "el agravio más chocante de la fuerza" y dejó constancia de su intención de continuar con los reclamos diplomáticos. El objetivo era obtener "una digna reparación", además del reconocimiento del derecho argentino sobre las Malvinas y del dominio sobre ese territorio.

Para Critto, se trata de un documento inédito y fundamental para la memoria histórica, ya que permite conocer cómo las autoridades de la época recibieron y comunicaron la noticia de la ocupación.

La carta completa sobre la ocupación de los ingleses

Transcripción del documento original (Buenos Aires, 26 de enero de 1833):

Buenos Aires, enero 26 de 1833. Año 24 de la Libertad y 18 de la Independencia. Al Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia de Tucumán.

Si grande ha sido por el Gobierno de Buenos Aires el disgusto que ha tenido con la noticia de la violencia y abuso de la fuerza en las Malvinas, ejecutado por un buque de guerra de S. M. B., en deshonor del Pabellón Argentino, en ofensa de la integridad del territorio de la República, y con agravio de sus derechos, de su justicia, y de la fe debida a las relaciones de amistad y buena inteligencia cultivadas sin interrupción con el Gabinete de San James, no es menos el que tiene al hacer partícipe de él al Señor Gobernador de Tucumán, poniendo en su conocimiento la nueva escandalosa agresión que ha cometido sobre las Islas Malvinas un Comandante de la Marina inglesa, más notable aún por las recíprocas relaciones y tratados de amistad y comercio entre ambos Estados, que la que en el año anterior cometió otro Comandante de marina de una Nación amiga, la de Estados Unidos de la América del Norte.

El 15 del corriente día fondearon en estas balizas exteriores la goleta de guerra Sarandí, de regreso del Puerto de San Luis de la Soledad en las Malvinas; en seguida su comandante Don José María Pinedo ha dado parte de haber regresado antes de recibir órdenes por ello, a causa de que el 2 del corriente, habiéndose presentado en la Isla de la Soledad la corbeta de guerra de S. M. B. Clio en circunstancias que por la insubordinación de unos pocos de la guarnición había desaparecido el jefe del establecimiento y trastornado allí el orden, a cuya reparación se ocupaba el comandante de mar cuando, al recibir toda Clio (el buque británico), dispuso que pasando a su borde dos de sus oficiales, le hiciesen los correspondientes ofrecimientos de atención y amistad; y habiendo regresado estos, diciéndole que Mr. Onslow, comandante de la corbeta de S. M. B., disponía a pasar a bordo de la goleta Sarandí, en efecto lo verificó como a las 3 de la tarde del mismo día, acompañado de dos de sus oficiales, y entrando en conversación con el comandante de la Sarandí, manifestó a este que venía a tomar posesión de las Islas Malvinas, y fijando en S. M. B. y sus órdenes terminantes, le imponía en arriar en ellas el Pabellón inglés dentro de 24 horas, conforme lo había practicado en otros puntos de las propias colonias, y que si no lo verificaba haría fuego sobre la goleta, y que en el acto debía estar a su bordo el comandante de la Sarandí con todos los oficiales y demás individuos de la guarnición y habitantes de la Isla, para ser trasladados a la goleta Sarandí, y que en el término de 24 horas debía estar evacuada la Isla de la Soledad, y que el pabellón inglés debía permanecer izado en ella.

El comandante de la Sarandí le contestó que no podía acceder a ninguna de sus exigencias sin órdenes de su gobierno, y que en el caso de insistir en ellas protestaba contra la violencia y el despojo, y que haría responsable al comandante de S. M. B. de las consecuencias. Mr. Onslow le respondió que no tenía más que cumplir sus órdenes, y se retiró a su bordo.

Al día siguiente 3 del corriente, el comandante de la Sarandí pasó a bordo de la corbeta inglesa, y después de varias conferencias en que reprodujo sus protestas, y le manifestó que si persistía en su propósito de llevar adelante la ocupación por la fuerza, él se vería en la precisión de no oponer resistencia armada, en cuyo caso protestaba de nuevo de la violencia y de las consecuencias, y de los perjuicios que se irrogasen a la goleta Sarandí y a los individuos que conducía, y que en el caso de ser atacado se defendería hasta donde le fuese posible.

En la mañana del 4 del corriente se hallaba ya enarbolado el pabellón inglés en la Isla de la Soledad, y el comandante de la Sarandí dispuso su regreso a este puerto, dando parte al Gobierno de lo ocurrido. El 5 del corriente se hizo a la vela la Sarandí, y el 15 fondearon en estas balizas exteriores, como llevo dicho.

El infrascrito comandante de la Sarandí ha dado parte al Gobierno de Buenos Aires de todos los sucesos, y el Gobierno ha resuelto protestar contra la ocupación y reclamar la reparación correspondiente. Así lo ha dispuesto el Gobierno de Buenos Aires, y lo comunica al Sr. Gobernador de Tucumán para su conocimiento y para que se sirva disponer lo conveniente en la parte que le toca, etc.

Dios guarde a V.S. muchos años. Buenos Aires, enero 26 de 1833.

Juan Ramón Balcarce

Manuel J. Maza